Introducción

 

¿Se Acuerdan?

 

Por Ada Davis

El Presidente John Davis y su esposa, la Hermana Ada Davis, fueron testigos de la conversión de miles de fieles dominicanos a la iglesia restaurada de Jesucristo mientras sirvieron de tiempo completo por cuatro años y medio en la obra del Señor en la República Dominicana. Las siguientes son las entusiastas palabras características de la Hermana Ada Davis, editadas para esta introducción. Sus memorias fueron compartidas en un discurso dirigido a misioneros regresados en una reunión efectuada en St. George, Utah, en abril de 2003. El encantador y contagioso entusiasmo de la Hermana Ada Davis conduce a los relatos y testimonios recopilados en este libro, el cual está compuesto de los más íntimos detalles de primera mano de la Mano del Señor, Sus tiernas misericordias, y el infinito esfuerzo, fe, valor y obediencia detrás de los milagros de los inicios de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en la República Dominicana. Los relatos y fotografías no sólo nos traen hermosos recuerdos, sino los más tiernos sentimientos de la bendición que fue abrir el país para la obra misional. En verdad, la Hermana Davis fue testigo de esta Obra Maravillosa y Prodigio moderno.

Imaginémonos que estamos a 4,000 millas de aquí, en la República Dominicana, y recordemos algunos momentos especiales que pasamos juntos.

¿Se acuerdan de los Rappleye, quienes hicieron tanto para hacer crecer la obra allá? ¿Se acuerdan de Eddie Amparo, quien en su camioneta con casa rodante ayudó a John a llevar mesas y sillas para la Santa Cena a todas las ramas existentes? ¿Se acuerdan del Hermano y la Hermana Talley, quienes fueron una ayuda constante, y cómo el Hermano Talley le puso neumáticos a la camioneta de Eddie Amparo? ¿Se acuerdan del Élder y la Hermana Wirthlin, nuestros administradores ejecutivos, quienes viajaron por nuestra misión y trabajaron arduamente con el Élder y la Hermana Poelman y junto a nosotros? ¿Se acuerdan de Rafael y Pat Méndez, quienes ocuparon tantas posiciones claves de la Iglesia allá?

¿Recuerdan [las Ramas] Piantini, Ozama y las demás? ¿Recuerdan los apagones, la falta de agua, los carros públicos, las huelgas, las elecciones, los batidos de lechosa, las cartas, los anuarios; cuando nos robaban las bicicletas, el tránsito, las inyecciones de gammaglobulina, cada compañero y compañera, cada área, cada conferencia de zona, la Feria de la Salud, la máquina de fumar, los temblores de tierra, el ayuno de 48 horas; la primera familia bautizada por los misioneros, la primera muerte [de un miembro de la iglesia], el primer matrimonio en la iglesia, la primera visita del Papa después de nuestra llegada, los bautismos efectuados en el mar Caribe y en el Océano Atlántico—algunos con la ayuda de las luces de nuestros vehículos; al Hermano Frederick David, quien a la edad de 103 años quería nadar de regreso a la costa después de su bautismo en el mar Caribe, y vivió hasta los 106 años para recibir el Sacerdocio de Melquisedec; nuestra primera pila y ropas bautismales, cuán rápido empezó el seminario, las tormentas tropicales y las veces que había que ponerse ropa seca en un sólo día? 

¿Se acuerdan del programa de televisión “Entre Puntos” con Irene Napier en el canal 11? El técnico de audio de televisión [Samuel Terrero] que ya era miembro de la Iglesia y luego sirvió una misión. ¿Recuerdan la primera capilla, la primera casa de la misión y la primera oficina de la misión? ¿Se acuerdan de la recepción de la primera transmisión de la Conferencia General? Al estar todos juntos no parecíamos estar tan lejos, sino que parecíamos estar en la Manzana del Templo. ¿Y cómo al escuchar que se mencionaba a la República Dominicana en las reuniones, los Santos dominicanos se emocionaron al sentir la seguridad de que eran parte de la iglesia verdadera?

¿Recuerdan el Huracán “David” y cuando nos juntamos para estar más seguros en la capilla de Piantini, nuestra reunión de testimonios a la luz de velas y linternas, arrodillándonos en oración y agradeciendo a nuestro Padre Celestial por el privilegio de estar allí y bendecir a los dominicanos, especialmente a nuestros miembros e investigadores y a nuestras familias quienes estaban preocupadas por nosotros? ¿Recuerdan cómo el Presidente Millett hizo contacto con nosotros cuando no había conexión telefónica y no existía el discado directo? ¿Recuerdan los toques de queda, y todas las familias investigadoras que teníamos debían permanecer en sus hogares y no podíamos visitarles? ¿Recuerdan cómo el Presidente Talley trajo alimentos en su avión, y lo exitoso que fue el introducirlos al país sin tener que pagar los $400.00 [dólares] de impuestos?

¿Recuerdan cuán rápido avanzaba la obra? Dos años después del primer día que llegamos a Santo Domingo para servir una misión de 18 meses, sostuvimos la primera conferencia de zona de una nueva misión que ni siquiera tenía dos semanas de formada, con John [mi esposo] como Presidente. Cuando arribamos, al principio, la República Dominicana pertenecía a la Misión de Florida, Fort Lauderdale y luego a la Misión de Puerto Rico, San Juan, donde el Presidente Barney sustituyó al Presidente Millett, y luego ya era una misión propia—todo en un período de 2 años.

¿Recuerdan la visita del Presidente y la Hermana Kimball, cuando nuestra misión sólo tenía un mes de formada? Él fue el primer Profeta en visitar el país y ese fue su último viaje al extranjero. ¿Recuerdan cuando el Patriarca Eduardo Balderas fue e impartió 625 bendiciones patriarcales?

¿Recuerdan los primeros Santos en asistir al templo y nuestra primera excursión al templo? Pudimos estar con ellos en el Templo de Washington, D.C., y estábamos emocionados por la cantidad que recibió las bendiciones del templo. Nos juntamos con excursiones que fueron al Templo de Atlanta, por 2 años consecutivos y fuimos privilegiados de estar presentes cuando se organizó la primera Estaca en la República Dominicana. El Élder Robert E. Wells prometió a los Santos que tendrían un templo en su país. 

Fuimos bendecidos al poder asistir a la casa abierta y la dedicación del templo en Santo Domingo. ¿Recuerdan cómo nos brotaban las lágrimas al contemplar a los Santos en acción sabiendo la bendición que sería para ellos y para todo el país?

Al releer la dedicación de la República Dominicana por el Élder Ballard y nuestras especiales bendiciones personales, fue como haber visto al Señor armar un rompecabezas ante nuestros ojos, a medida que la obra progresaba. Estábamos agradecidos de simplemente estar allí y participar.

En el servicio del Señor, uno hace amigos eternos, y esa es la manera en que nos sentimos hacia todos ustedes y todo el mundo en la República Dominicana. Siempre les querremos, y estamos agradecidos de haber compartido junto a ustedes en un lugar especial; estamos emocionados con lo que ha sucedido y con lo que está sucediendo en la República Dominicana.

Ahora hay tres misiones, muchas estacas, barrios y capillas. Verdaderamente esta es la obra del Señor y seguirá hacia adelante. Gracias por haberme acompañado al repasar nuestras huellas por este país. Mi testimonio es fuerte, amo a mi Padre Celestial y Salvador y estoy agradecida por la misión del Profeta José Smith y por mi membresía en la Iglesia. Estoy agradecida por mi compañero eterno quien decidió ir a una misión y por nuestra familia quienes pensaron que regresábamos a casa tres veces antes de que sucediera. Oramos por las más selectas bendiciones del señor sobre cada uno de ustedes y la Iglesia en todo el mundo, y en especial para la República Dominicana.


 

Ada Davis

Abril de 2003